Y, curiosamente, todo empezó porque tuvimos que dejar de utilizar la baraja que teníamos.
Cuando una baraja provisional deja de ser suficiente
Durante buena parte del desarrollo utilizamos una baraja que cumplía perfectamente su función: permitirnos construir el juego, probar reglas y comprobar que todo aquello podía funcionar.
Era material publicado con una licencia compatible con su uso siempre que se respetase la atribución. No había ningún drama escondido detrás.
Pero Escobita empezó a dejar de parecer un prototipo.
Y cuando comenzamos a pensar seriamente en publicarlo como un producto comercial tomamos una decisión: no queríamos que la identidad visual del juego dependiese para siempre de material de terceros.

Podíamos buscar otra baraja y continuar.
O podíamos aprovechar el problema para hacer algo bastante más complicado.
Para mirar hacia delante tuvimos que mirar hacia atrás
Crear una baraja española desde cero parecía, al principio, bastante sencillo.
Cuatro palos. Cuarenta cartas. Oros, Copas, Espadas y Bastos. Sotas, Caballos y Reyes.
Hasta que empezamos a mirar de verdad.
¿Qué hace que una copa siga pareciendo una copa cuando cambian completamente el dibujo y la época? ¿Cuánto puede transformarse una espada antes de dejar de pertenecer a ese lenguaje visual? ¿Por qué unas figuras se sienten inmediatamente tradicionales y otras, aun utilizando los mismos elementos, parecen contar una historia completamente distinta?

Empezamos a estudiar composiciones, pintas, proporciones, ornamentación, indumentaria y maneras muy distintas de representar los mismos cuatro palos.
La intención nunca fue escoger una baraja antigua y copiarla. Queríamos entender qué elementos forman parte de un lenguaje visual más amplio, cuáles pertenecen a una época concreta y cuáles hacen que una baraja resulte reconocible incluso después de haber cambiado casi todo lo demás.
Durante esa investigación dimos, entre otras fuentes, con la Col·lecció de Naips de l'Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona (AHCB4-237/C07). Su variedad nos resultó especialmente útil para observar cómo determinadas soluciones visuales permanecen mientras otras cambian radicalmente entre épocas y fabricantes.
Hemos podido intercambiar algunas consultas con el Arxiu y agradecemos especialmente la atención y el contexto que nos han facilitado. De momento preferimos no adelantar más: esta parte de la investigación todavía está abierta.
Cuando mirar deja de ser suficiente
La investigación empezó a crecer y ocurrió algo bastante habitual durante el desarrollo de Escobita: una tarea que parecía razonable hacer a mano terminó pidiendo su propia herramienta.
Así nació un pequeño software interno de análisis que nos ayuda a comparar determinadas características visuales de las cartas y obtener una puntuación de referencia.

No pretende decidir por nosotros si una carta es correcta ni sustituir el trabajo artístico. Es otra forma de ordenar información y detectar semejanzas o diferencias cuando llevas demasiado tiempo mirando naipes.
Y aquí vamos a ser deliberadamente poco detallistas. Es una herramienta privada del proyecto y preferimos conservar en casa cómo realiza ese análisis, qué medimos y cómo utilizamos después sus resultados. 😄
Después había que construir las cartas
Entender mejor el lenguaje visual resolvía solo una parte del problema.
La siguiente era fabricar una baraja completa sin tratar cada carta como una ilustración independiente.
Índices, palos, proporciones, figuras, composición y muchas decisiones pequeñas tenían que convivir dentro del mismo conjunto.
Así acabamos creando una segunda herramienta interna: nuestro editor de cartas.

Nos permite trabajar con los distintos elementos con los que estamos construyendo la identidad de Escobita y comprobar rápidamente cómo funcionan juntos dentro de una carta completa.
En algunas etapas utilizamos también herramientas contemporáneas de generación de imagen, combinadas con trabajo manual, documentación histórica, revisión y software propio. Pero no buscamos pedir a una herramienta que invente una supuesta «baraja antigua»: nos interesa poder entender y revisar las decisiones que terminan llegando a la carta.
Y finalmente aparecieron nuestras cartas
Después de muchas pruebas, descartes y bastantes discusiones con nosotros mismos, empezaron a aparecer piezas que ya no sentíamos como material provisional.

Una carta puede verse estupenda ampliada y fracasar completamente cuando llega al tamaño real de una partida.
Así que todas estas decisiones terminan enfrentándose al mismo sitio.

Esto no termina con una baraja
Una de las consecuencias más interesantes de todo este trabajo es que Escobita ya no tiene por qué depender de un único juego de cuarenta imágenes cerrado para siempre.
La primera baraja propia es solo el principio.
Queremos seguir explorando distintas maneras de interpretar estos naipes, desde propuestas contemporáneas hasta líneas inspiradas por la enorme diversidad histórica que hemos ido descubriendo.
Y quizá alguna de las investigaciones que tenemos abiertas ahora nos permita contar más adelante una historia especialmente bonita alrededor de una baraja histórica concreta.
Pero eso será otra historia.
Y todavía nos quedan muchísimas cartas que mirar. 🃏
Investigación: entre las fuentes consultadas se encuentra la Col·lecció de Naips de l'Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona (AHCB4-237/C07).