Hoy no hay una gran explicación técnica que dar.
Hay días en el desarrollo de un juego en los que cierras un error, terminas una pantalla o consigues que algo funcione un poco mejor que ayer.
Y hay otros en los que puedes mirar lo que tienes delante y decir: esto ya existe.
Hoy es uno de esos días.
Durante las últimas semanas hemos estado trabajando en algo que Escobita necesitaba para dejar de ser solamente un juego que utiliza una baraja española.
Necesitaba su baraja española.
Oros, Copas, Espadas y Bastos. Del As al 7, y después Sotas, Caballos y Reyes. Cuarenta cartas que tenían que funcionar juntas, reconocerse como una baraja española y, al mismo tiempo, empezar a construir una identidad propia para el juego.
Ha habido investigación, pruebas, descartes, decisiones que parecían pequeñas hasta que dejaban de serlo y una cantidad considerable de tiempo mirando cartas a tamaños absurdamente grandes.
Pero esa historia merece su propia entrada.
Hoy toca simplemente enseñarlas.




Los Ases acabaron convirtiéndose casi sin querer en el pequeño escaparate de cada palo. El Oro celebra a la propia Escobita; Copas se vuelve ceremonial; Espadas enseña acero y movimiento; y Bastos conserva esa madera viva que atraviesa todo el palo.
Y sí: en el As de Oros hay una pequeña Escobita ocupando el centro de la moneda. Tenía que estar ahí.

Quizá lo que más ilusión hace no sea ver cada carta por separado, sino encontrarlas por fin donde tenían que terminar: encima de la mesa.
Hasta ahora muchas capturas del desarrollo enseñaban cartas provisionales. Servían para construir reglas, interfaces y sistemas mientras decidíamos qué aspecto tendría realmente Escobita.
Eso acaba hoy.
Por primera vez podemos jugar una partida completa utilizando, de principio a fin, una baraja creada específicamente para el juego.

Verlas funcionando en una pantalla pequeña ha sido una de esas pruebas que importan más de lo que parece. Los detalles tenían que sobrevivir al reducir las cartas, los palos tenían que reconocerse y las figuras tenían que seguir teniendo presencia sin necesitar una lupa.
Quedarán retoques. Siempre quedan retoques.
Pero hay una diferencia enorme entre estar diseñando una baraja y tener cuarenta cartas con las que ya puedes sentarte a jugar.
Y estamos un poquito contentos.